El populismo desfigura la democracia: una entrevista con Nadia Urbinati
Carlos Bravo Regidor

Nadia Urbinati, politóloga y ensayista, enseña actualmente en la Universidad de Columbia. Ha escrito varios libros sobre el pensamiento político contemporáneo y los problemas de la democracia. Yo, el pueblo, editado recientemente en castellano, ha motivado la entrevista que se transcribe a continuación.

La relación entre populismo y democracia, dice, no puede ser pensada como una simple oposición, implica una relación “parasitaria”, que necesita de las instituciones de la democracia (el sufragio, las mayorías, el parlamento…) y no perdura cuando muere la democracia. Esa condición supone admitir que el populismo es parte y producto de la democracia, que la nutre, sobre todo cuando es parte del movimiento de oposición; pero a la vez la transforma y la degrada cuando es gobierno. La frontera, el “punto de no retorno”, se cruza cuando busca cambiar la Constitución: allí se desmantela tanto la democracia como el propio sistema populista. Finalmente, propone pensar el populismo como una forma novedosa de la representación entendida como modos de participar en la vida política. No es, entonces, simple retórica.  La representación implica pluralismo en la sociedad civil (partidos, órganos intermedios, prensa, sindicatos, universidades autónomas…) supone una separación inevitable con los representados, habilita la crítica y el control. El populismo busca suprimir esa separación y ese control y postula un “pueblo” que se constituye en torno del Líder que lo encarna.

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