Durante una tarde de octubre de 1979, en el otoño mexicano, en un departamento de la Villa Olímpica situado al sur de la capital azteca, un grupo de hombres de edad madura y memoria política recibió los primeros ejemplares del número uno de la revista Controversia.
Los participantes de este emprendimiento editorial revisaron, en silencio casi religioso, el resultado de los dos meses de trabajo. La tinta fresca y el olor del papel formaron parte de la ceremonia inaugural de quienes pretendían exponer ideas por escrito, provocar debates, animar polémicas, en fin, revisar la historia. Esa ceremonia, que se repite en todos los países del mundo desde el nacimiento de la imprenta, se multiplicaba ahora con ansiedad y emoción porque se llevaba a cabo en el destierro, en el exilio, muy lejos de casa.
En Argentina la muerte rodaba por las calles desde hacía más de tres años. El golpe de Estado del 24 de marzo del 76 ya incluía en su haber a miles de desaparecidos, asesinados y torturados. Las noticias llegaban diariamente con un vértigo sombrío.
Pero en esa tarde de octubre el clima fue de entusiasmo. Publicar una revista en el exilio, escrita por hombres procedentes de distintas corrientes del pensamiento, por ex militantes de organizaciones peronistas y marxistas en sus diversas variantes, todos ellos alejados de sus vertientes originarias, era una experiencia novedosa que alejó momentáneamente los pesares del exilio. Desde el principio se alertó a los lectores: los artículos publicados no guardan necesariamente homogeneidad.
Precisamente uno de los propósitos que guiaba a los fundadores era salir al paso de los diversos periódicos de grupos con certezas inamovibles que proclamaban fantásticos triunfos, dictaduras tambaleantes, horizontes de luchas heroicas protagonizadas por vanguardias de clase. Muchos de nosotros pensamos, y lo decimos, que sufrimos una derrota, una derrota atroz, dijo el primer editorial de Controversia.
Esta frase produjo precisamente el primer encontronazo con el exilio. A partir de allí la revista recibió críticas encarnizadas, no siempre leales, y apoyos significativos. El espíritu fundacional de poner el dedo en la llaga estaba cumplido.
Todos pudieron publicar en Controversia. Únicamente se desecharon los artículos que no respetaban las reglas básicas de una polémica franca que evitara los epítetos. Unos lo hicieron con entusiasmo porque se abrió un espacio inédito. Otros medianamente enojados, inquietos porque el riesgo de abrir una brecha en las antiguas convicciones formadas en la caliente certeza de la existencia amenazaba trastocar la historia ya escrita.
Controversia fue una experiencia exitosa. Permitió reflexionar sobre el dogmatismo de la izquierda, el autoritarismo del populismo, la ceguera de las organizaciones armadas, la mediocridad de los partidos políticos tradicionales, la escasa conciencia democrática de una sociedad educada al margen de la ley y de las instituciones de la república.
¿Cómo se produjo ese encuentro entre protagonistas tan disímiles? Algunos se conocían desde un tiempo atrás. Otros se dieron la mano por primera vez. Unos eran académicos prestigiosos en sus universidades de origen. Otros jamás habían pisado los claustros. Unos habían alentado el uso de las armas. Otros las habían abominado.
Es curioso, pero fueron episodios fortuitos, aquellos no previstos, podríamos decir coincidencias, las que produjeron ese encuentro entre José Arico, Carlos Ábalos, Sergio Bufano, Rubén Sergio Caletti, Nicolás Casullo, Ricardo Nudelman, Juan Carlos Portantiero, Héctor Schmucler, Oscar Terán y Jorge Tula que fue elegido director.
De los hombres que en aquella tarde de octubre revisábamos los ejemplares recién salidos de la imprenta con la tinta que manchaba los dedos, apenas queda menos de un puñado. Pero más allá de muertes prematuras que confirman los caprichos de la existencia, han quedado algunos centenares de páginas que, miradas desde el presente, tienen vigencia, recuperan olvidos, desmienten presagios, reavivan polémicas que creíamos superadas, pero que regresan como fantasmas que no se resignan a desaparecer.
Mientras esto ocurra, en tanto las ideas no dejen de agitarse, Controversia tiene mucho para decir, la letra sigue tan vigente como en aquellos otoños mexicanos.
El iniciador de este emprendimiento, fue el único radical, del Partido radical, que estudiaba en México. Había algunos en Venezuela, varios en España, en Europa, pero el que nos convocó una noche en su casa –éramos alrededor de 15 o 18 personas– fue Miguel Ángel Picatto, un radical cordobés, periodista, un tipo muy inteligente y magnífica persona. Nos convocó porque había que sacar una revista.
Había muchos periodistas, intelectuales y además estaba siempre la obsesión de sacar revistas. Entonces Picatto nos convocó a todos, éramos numerosos, ahí nos conocimos muchos, y a partir de ese momento empezamos a discutir qué carácter tenía que tener la revista. Picatto insistía en que tenía que ser una revista de denuncia a la dictadura.
Todos estábamos de acuerdo en eso, pero lo que pasaba es que muchos ya participábamos en otras revistas de denuncia y además teníamos acceso a todos los medios venezolanos, 1+, 1, El Día, Excelsior. Semanalmente, mandábamos artículos denunciando las desapariciones, las muertes… Entonces, si bien veíamos que había que denunciar la dictadura, entendíamos que eso no era suficiente.
Había que proyectar una mirada hacia el pasado, muy reciente, casi presente, una mirada crítica de ese pasado. Así se fue decantando el número de gente y finalmente el iniciador, Picatto, quedó afuera. Dijo, “no, yo en esto no voy a participar”. Bueno, él venía de otra franja, de otro pensamiento, de otro partido, y no le interesaba tanto participar en una revista de esta naturaleza.
La más grande injusticia que se pudo haber producido en el exilio es que Picatto murió sin llegar a ver cómo un correligionario suyo asumía la presidencia de la Argentina en 1983. El primer número de Controversia provocó más que una controversia al decir que se ha producido una derrota, una derrota atroz, al decir que nos habían derrotado.
Decir eso, en 1979, cuando Montoneros organizaba la contraofensiva, y amigos que veíamos diariamente en el café de pronto no estaban más porque habían vuelto a la Argentina… Decir eso produjo una reacción, porque, claro, se acusó a la revista de derrotista, de no respetar la lucha que se estaba llevando adelante, etc., etc. Inmediatamente hubo respuestas en el segundo número.
El otro tema que produjo una serie de controversias fueron tres artículos. Uno, el de Toto Schmucler, el otro de Caletti, y el tercero mío. El de Toto Schmucler fue quizás el que puso más el dedo en la llaga.
Yo lo voy a citar porque son temas muy delicados como para decirlos de memoria. El Toto dijo “¿existe forma discriminatoria de medir que otorgan valor a una vida y no a otras? La guerrilla ha pasado a confundir su imagen con la del propio gobierno en la medida que ha cultivado la muerte con la misma mentalidad que el fascismo provoca la fuerza. Ha reemplazado la voluntad de las masas por la verdad de un grupo iluminado”.
Pueden imaginar ustedes que si hoy en día esto puede provocar una seria respuesta, en aquel momento produjo una serie de críticas. El primero en responder fue Luis Bruchstein, luego subdirector de Página 12. Pero bueno, a partir de ahí salieron muchísimas respuestas desde Europa, desde Venezuela. Nos llegaban críticas que decían que nos estábamos volviendo socialdemócratas, cosa que no podíamos negar porque en el fondo mirábamos con cierta simpatía a la socialdemocracia que estaba apareciendo en Europa.
Además, en ese mismo artículo tan revulsivo Héctor Schmucler puso en duda el número de desaparecidos. “No creo que sean 30.000 desaparecidos, alrededor de 7.000 o 8.000 ya es una masacre, una barbaridad”. Y criticó el que se estuviera matando a policías. Recordarán ustedes que en esa época una de las consignas era abrir fuego sobre policías.
El llamado que hacía Controversia era a una controversia lúcida, serena y fraternal. Recuerden ustedes que había un clima muy álgido. Por un lado, el Ejército rojo soviético condecoraba a los militares argentinos con la estrella roja. China, país comunista, se aliaba con la dictadura de Pinochet. Cuba tenía una cosa ambigua, más que ambigua, peligrosa. Decía que en la Argentina no había una dictadura sino un gobierno autoritario con lo cual se modificaba todo el espacio geográfico del Cono sur gobernado por dictaduras. En ese entonces el Partido comunista argentino envió una delegación a México, Venezuela, Europa, que todos la recibimos, pidiendo que calmáramos las críticas al dictador Videla porque podía venir la derecha de la dictadura.
Ustedes verán, en ese clima, sacar esta revista y empezar a criticar la actuación de los grupos armados que todavía estaban en vigencia fue algo audaz, por decirlo de alguna manera.
¿Quiénes escribieron en Controversia? Puedo mencionar algunos, Samir Amin, Oscar del Barco, Osvaldo Bayer, Jorge Luis Bernetti, Cristina Bertolucci, Luis Bruchstein, Héctor García Canclini, el expresidente Fernando Enrique Cardozo, en ese momento no era expresidente sino que sería el próximo presidente de Brasil, Fernando Claudín, Julio Cortázar, Pepe Eliaschev, Aldo Ferrer, Julio Godio, Oscar González, Liliana Hecker, Emilio de Ípola, Ernesto López, Giacomo Marramao, Antonio Marimón, Rodolfo Paraño, Adriana Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos, Ángel Rama, Jorge Reverte, León Rozitchner, Rodolfo Terragno, Jorge Todesca, David Viñas y Carlos Ulanovsky. Controversia produjo, a partir de ese primer número, una necesidad de participar. A todos se les abrieron las puertas.

Alicia Azubel, Emilio de Ípola, Guillermina Tiramonti, Alberto Díaz y Victoria Itzcovitz, miembros del Club de Cultura Socialista, rodean a Sergio, sentado.
Una vez que salió la revista, nos reuníamos todos los jueves, primero en la casa de Nicolás Casullo, y después, por razones de comodidad, en mi casa. Todos los jueves se discutía en un clima donde había la lógica tensión, porque no todos pensábamos igual, pero donde prevalecía un clima de camaradería que yo rescato porque fue una de las cosas más importantes de la revista.
Teníamos horas de charlas. Había dos peronistas, Caletti y Casullo, el resto venía de un ideario socialista. Todo eso era dentro de un clima de armonía.
Para algunos, y en mi caso en particular, fue muy difícil el ingreso, la participación. ¿Por qué? Porque yo no venía ni de los claustros, ni de la UBA, ni de ninguna universidad, sino que venía junto con Oscar Terán, de la izquierda armada. En mi caso, durante los siete años anteriores, lo único que había leído eran novelas policiales porque la actividad militante ocupaba las veinticuatro horas de día.
Así que de pronto, encontrarme en un sitio donde estaban Portantiero, Aricó, de Ípola, era algo muy complejo, muy complicado. Realmente significó un esfuerzo muy grande.
Y ahí de pronto, bueno, salió esta revista. Se discutieron, se pusieron sobre el tapete dos cosas, y eso Emilio lo va a narrar mejor: la primera, la revalorización de la democracia. Para algunos, en mi caso, la democracia había sido la democracia burguesa. Ahí se cerraba cualquier definición. Democracia era democracia burguesa, y muchos pensábamos que había que eliminarla para crear un Estado socialista. Era curioso esto de empezar a revalorizar la democracia en un país como México que llevaba 70 años de partido único. Sin embargo, la libertad que existía, el acceso a la prensa, a los periódicos, el poder decir cualquier cosa por la radio nos mostraba cosas que nosotros no habíamos conocido en democracia. Porque los de nuestra edad habíamos visto el golpe del 43, el de 1955, el del 62, el de 1966, el golpe que derrocó a Onganía, el golpe que derrocó a Levingston, el golpe para que asumiera Lanusse, y después el golpe final que fue el más sangriento. La democracia era una abstracción absoluta, porque además no buscábamos, con la lucha armada o no armada, la democracia, sino que buscábamos el cambio de sistema.
Así que cuestionar el socialismo fue otro de los temas candentes. La democracia y el socialismo.
¿Pero qué socialismo, cuál socialismo? Entonces, ahí sí, efectivamente miramos a Europa, donde aparecía un socialismo democrático que ganaba elecciones, al que le iba bastante bien. Olvidemos la historia posterior, pero en ese momento era un momento de auge de todos los socialismos.
¿Qué pasó con todos los que participamos en esa experiencia? Volvimos a la Argentina con un espíritu crítico.
Primero, todos, absolutamente todos, defendiendo a rajatabla el sistema democrático. Con las críticas que eran necesarias para que creciera la democracia, la democracia naciente del 83. Volvimos para contribuir y fortalecer la democracia. Naturalmente lo hicimos, como siempre, en algunos casos, de manera militante, pero sobre todo fundando revistas, que es la manía que tenemos de expresar nuestros pensamientos.
Nicolás Casullo fundó la revista Pensamiento en los confines, una muy buena revista, y también Unidos, que se unió con Chacho Álvarez y que a partir de allí tuvo una impresión política importante. Otros fundamos La ciudad futura, que bajo la dirección de Jorge Portantiero, Tula y Aricó, se convirtió en una suerte de expresión parcial de lo que se llamó el Club de cultura socialista. Oscar Terán, que no participó de La ciudad Futura, se integró a la revista Punto de Vista, que ya venían dirigiendo Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano.
La mayoría reanudó sus carreras académicas en distintas universidades, ocupando puestos importantes, publicando libros, artículos, es decir, rápidamente todo el mundo se fue integrando en publicaciones y en la academia. En mi caso, junto a Gabriel Rot y Cacho Lotersztain, iniciamos un emprendimiento editorial cuyo eje principal fue la revista Lucha armada en la Argentina. Duró 10 años, publicó más de 3.500 páginas, en las que también pusimos el dedo en la llaga al preguntarnos si la lucha armada había sido o no un error.
En Lucha armada participaron exguerrilleros, intelectuales, por supuesto, Nicolás Casullo y Rubén Caletti, y muchísimos intelectuales más.
Hoy, es curioso porque el tema vuelve a aparecer y reaparecer, es una cicatriz que no está cerrada. Habrá que seguir indagando, discutiendo en el mejor tono posible qué es lo que pasó y tratar de ir cerrando una historia que, pasados 50 años, todavía nos llega muy cerca.
Muchas gracias
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A 40 años de Controversia se tituló el panel que se realizó en el Instituto Gino Germani un 19 de octubre de 2019, en el marco de los 40 años de la primera edición de la revista. Del mismo participaron, además de Sergio Bufano, Emilio de Ípola y Martina Garategaray. La actividad fue organizada por el Taller de Investigación sobre Cambio Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Núcleo de Historia Reciente del IDAES (UNSAM). Fueron coordinadores: Leandro Gamallo y Soledad Lastra.

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