¿Qué podemos aprender del caso Formosa para fortalecer la agenda de derechos humanos?
Roy Hora

Los abusos denunciados en la gestión estatal de la pandemia en Formosa y la inoperante gestión del Secretario de Derechos Humanos, proporcionan a Roy Hora el punto de partida para indagar la situación actual de los derechos humanos y el cumplimiento de las garantías constitucionales.

Más allá de Insfrán y Pietragalla, el episodio invita a tomar conciencia de que la “razón de estado” que trata a la salud pública como un tema de seguridad interior, librada a su propio impulso tiende al autoritarismo y la arbitrariedad. Y es claro que los controles no pueden provenir de funcionarios designados por el Ejecutivo, invariablemente alineados con el gobierno del que dependen. La clave, entonces, radica en la autonomía de las instituciones y de los funcionarios encargadod de velar por el cumplimiento de esos derechos.

Roy Hora propone situar la discusión pública en un plano que no se refiere centralmente ni a personas, ni a partidos o ideología. Una acción necesaria y posible, desde la sociedad civil, es reclamar la designación, sin más demora, de un Defensor (o Defensora) del Pueblo de la Nación, un cargo vacante desde hace más de diez años, sin que los sucesivos gobiernos hayan hecho algún esfuerzo por cubrirlo. La razón última de este fracaso es que a los grupos gobernantes no les entusiasma que sus acciones sean objeto de escrutinio.

Comenzar con el proceso de designación de un nuevo Defensor del Pueblo requiere de la presión ciudadana sobre la elite política en su conjunto y no logrará su objetivo si la sociedad civil no asume un papel más activo en el reclamo

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